lunes, 13 de junio de 2016


Teníamos pensado ir a ver el anochecer en el Cerro Tute pero, en Santa Fe hay tantas cosas por hacer, que nos oscureció antes de darnos cuenta, así que al día siguiente nos encaminamos al Tute con la orientación de los taxistas, que nos recomendaron, a su beneficio, no subir Tute desde la calle de asfalto a pie, pues nos iba a tomar hasta 4 horas, así que nos podían llevar a la pata del cerro.

En los años de 1502, el Español Cristóbal Colón llega a las Costas del Norte de Veraguas en donde fundó el primer poblado en tierra firme de América, el cual llamó Santa María de Belén. En 1557, se presume que Santa Fe fue fundada por el Capitán Francisco Vásquez. Los primeros pobladores eran autóctonos; sin embargo, cuando llegaron los españoles y los colombianos se produjo el mestizaje, donde se realizaron fuertes batallas antes de la época Republicana.
Se considera como tierra de grandes batallas importantes para el país. Es aquí donde los rebeldes caciques Quibian y Urracá libraron en sus montañas diversos combates contra los invasores españoles. Estas batallas alimentaron a la Guerra de los Mil Días; hecho que se dio en 1903, en la que el Cholo Victoriano Lorenzo ganó la batalla.

Este cerro es muy famoso por los enfrentamientos que allí se dieron y culminó con varios muertos que al día de hoy son considerados mártires.
Para llegar a Tute debe prestar atención unos kilómetros antes de Santa Fe, cerca del hotel del mismo nombre.
Allí, en el año de 1959, y a la usanza del ejemplo cubano se formó el Movimiento de Acción Revolucionaria (MAR) como reacción al dominio norteamericano. A imitación de los rebeldes de la Sierra Maestra, los miembros de MAR se trasladaron a Cerro Tute, donde pensaban establecer su Cuartel Central. Los cubanos, un grupo de guerrilleros de la capital y campesinos se alzaron contra la autoridad con el fin de derrocar al gobierno.
Tomaron sus armas y se internaron en el Cerro Tute, su Sierra Maestra panameña, inspirados en el deber impostergable de luchar por un cambio revolucionario que permitiera instaurar un gobierno legítimo capaz de impulsar los cambios sociales que exigía el pueblo, extirpar todo vestigio del poder corrupto de las clases dominantes y de sumisión al imperialismo norteamericano. La generación del Cerro Tute, es un ejemplo de coraje y dignidad. Ellos como legítimos herederos de nuestros héroes: Urraca, París, Felipillo, Bayano, Rufina Alfaro y Victoriano Lorenzo, prefirieron la muerte antes que aceptar las prebendas de los grupos de poder económico y político que sometían al pueblo trabajador.
Se dice, que la Guardia Nacional envió al capitán Omar Torrijos para dispersar a los revolucionarios. Solo tres militares resultaron heridos: entre ellos el Capitán Omar Torrijos, quien en franca huida fue alcanzado en las nalgas. Aquella humillación persiguió a Torrijos toda la vida.
Por nuestra parte, encaminamos Tute con el Sr. Américo y vimos cómo el taxi 4×4 iba subiendo la cordillera y nos dejó a una distancia considerable del cerro. Divisamos la cima y pensamos que sería fácil pues la calle de tierra llega prácticamente allá arriba.
Caminamos a través de ella, confiados y tranquilos a alcanzar las enormes e inconfundibles rocas que se veían a lo lejos. Ese cerro que tantas veces había visto en fotos y al cual le tenía un amor platónico. La brisa es un factor importante en este lugar, pues es tan fuerte que a pesar de mis kilos, casi me lleva en variadas ocasiones, me aferraba al suelo rocoso con miedo de que me levantara. Hubo un momento en el que muchas rocas pequeñas alzaron con la brisa y me cayeron en los ojos, a pesar de que uso anteojos, no fue impedimento para ellas.
A mitad del corto camino, nos detuvimos a ver el paisaje que quedaba atrás, desde tan arriba se puede ver toda la parte Sur y Este de Santa Fe, los cerros que van quedando a lo lejos, las calles se pierden y se distingue cualquier movimiento que ocurra en las montañas de abajo. Entendimos muy bien por qué la historia dice, que aquellos “guerrilleros” se aferraron al Tute.

CLIMA: 
Allá arriba, la vegetación es escasa, la deforestación a causa de la colonización es la culpable. Este, ya no es un cerro en el cual se disfrute de flora o fauna, escasos insectos juegan en las hierba, lastimosamente es un cerro pelao’. El sol nos pegaba en la cabeza con fuerza y daba la impresión de que esas rocas allá arriba, eran un altar de piedras mágicas. Recordé la canción de Caifanes en donde dice que “cada piedra es un altar“.
Me recosté en el suelo, entre la hierba que pica. De pronto, las nubes nos bañaron de rocío, el viento se hizo más fuerte y me aferré a la hierba. Las nubes, densas y frías iban y venían en una danza espectral. Nos dejaron un manto de rocío imperceptible sobre el cuerpo. Nos tomó una hora llegar a la cima, supimos que cuando la calle no estaba recortada, podía tomar hasta ocho horas hacer el ascenso.
Rey se apresuró a la cima repleta de rocas y precipicios aunado a la brisa que nunca paró. Allí si sufres de vértigo, no puedes avanzar.  Se debe atravesar un trillo espinoso. Allí termina el cerro, es el mismo filo de la montaña, su cima posee 1453 msnm.
Los guías locales han establecido senderos que llevan al visitante por el cerro Tute. Este fue instituido como Sitio Histórico Turístico, por el Consejo Municipal de Santa Fe, en 1993.